Lo primero que debe decirse sobre «La guía de Craig Lewis para sobrevivir lo imposible» es que no es una guía. Y también que sí lo es. No es una guía porque no propone la solución exprés ni los diez pasos infalibles para ganarle a la tristeza en tiempo récord. Pero es una guía en el sentido más honesto y más punk de la palabra: un mapa hecho a mano por alguien que caminó descalzo sobre vidrios, y que en lugar de recomendarnos botas, nos pregunta si queremos seguir arrastrándonos o fabricar nuestras propias alas.

Es, pues, un libro que se mueve entre el acto de narrar y el acto de interpelar, como quien escribe un diario pero deja los espacios suficientes en blanco para que el lector llore también en las páginas.

Craig Lewis es un sobreviviente de todos los sistemas que se suponía iban a protegerlo. El Estado, la familia, la psiquiatría, la cultura del silencio. Contra todos ellos se alza su escritura, no desde el grito, sino desde algo más punzante: el susurro que se sostiene aún con la garganta rota.

Su texto podría describirse, con torpeza, como un híbrido de autoayuda, crónica testimonial, manifiesto ideológico y poesía en ruinas. Pero esa es apenas la envoltura. El corazón del libro (ese músculo que late incluso cuando uno quisiera que no) está en la voluntad de nombrar lo innombrable, de construir una subjetividad sobre los escombros de una infancia negada, de una adolescencia medicada, de una adultez diagnosticada. El autor se pronuncia desde la intemperie emocional con una sinceridad que incomoda a las buenas conciencias y que avergonzaría a más de un manual de salud mental institucional.

En sus páginas no hay ornamento ni redención prefabricada. Hay, en cambio, frases como puñetazos, párrafos que son cicatrices abiertas, y poemas que podrían considerarse testamentos anticipados o cartas de amor escritas al borde del suicidio. Tal es el caso de “No eres tan importante”, donde Craig invierte la violencia simbólica que alguna vez le fue lanzada como sentencia: “Tú eres un problema. No importas.” Y la revierte en un acto de afirmación radical: “Estoy 100% seguro de que tú importas”. No como frase motivacional de taza de café, sino como declaración de principios ante el mundo y ante uno mismo.

Una mención especial merece el texto titulado “Poema de perdón y sanación: Para y acerca de mi madre”. Es difícil encontrar en la literatura contemporánea una pieza tan brutal y, a la vez, tan contenida. El poema no ahorra ninguna de las atrocidades sufridas: abuso sexual, negligencia, silenciamiento, destrucción sistemática del vínculo filial. Pero, en lugar de venganza, lo que ofrece es perdón. Y no uno blando o religioso, sino uno que emerge de la decisión política de no reproducir el ciclo del dolor, de terminar la guerra que otros comenzaron dentro de su cuerpo.

Hay aquí un eco del pensamiento feminista, del antipsiquiatría radical, del existencialismo callejero, pero también del hazlo tú mismo del punk de los ochenta. Lewis se reconoce a sí mismo como un hijo espiritual del movimiento, no por llevar estoperoles o reventar vitrinas, sino por sostener la idea más revolucionaria de todas: la recuperación no es obedecer, es reinventarse fuera del sistema que te rompió.

Esa herencia punk atraviesa todo el libro: está en la forma fragmentaria del texto, en la edición autogestionada, en la negativa a pulir el lenguaje para hacerlo académico, en la rabia canalizada como amor propio, en la decisión de incluir al lector como cómplice y no como espectador. Cada capítulo (o segmento) viene acompañado de preguntas de reflexión, no como actividades de autoevaluación, sino como disparadores de conciencia. “¿Qué te hicieron?” “¿Cómo se siente haber sobrevivido?” “¿Qué vas a hacer con el dolor que heredaste?” Preguntas incómodas, sí, pero necesarias. Lewis sabe que a veces una pregunta es más terapéutica que mil diagnósticos.

A diferencia de los libros que construyen una épica del trauma para seducir al mercado editorial, aquí no hay marketing del dolor. Hay vida, y hay muerte, y hay una línea delgada entre ambas que se recorre con palabras. El libro, entonces, no es un producto: es una protesta. Una protesta escrita con las venas abiertas, con la furia del que sobrevivió y con la ternura del que aún espera.

No sabemos si la literatura puede sanar. Pero sí sabemos que hay libros que, como este, nos recuerdan que seguir vivos no siempre es una bendición, pero a veces es un acto de rebeldía. Y eso, en tiempos de anestesia emocional y discursos de superación tóxica, es ya un acto revolucionario.

Para obtener información sobre el libro, realizar pedidos o conocer más sobre el trabajo de Craig Lewis, pueden contactarlo a través del correo electrónico: punx.in.recovery@gmail.com o visitar el sitio web: https://sanityisafulltimejob.org/index.html.

David Álvarez
davidalv1990@gmail.com
Sociólogo, periodista y gestor cultural. Dirige Proyecto Saltapatrás. Estudia la maestría en Derechos Humanos y Políticas Públicas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *