Fotografía: Cortesía Astronite


Un grupo de personas se congregó en el parque Joya-La Barreta, al norte del municipio de Querétaro, en México. Reunidos sobre tapetes de yoga y cobijas, todos miran hacia el cielo. Aunque hay luz, la oscuridad cobija después del atardecer. Se escuchan historias sobre la relación que los humanos han tenido con el firmamento desde hace siglos, las figuras que imaginamos en las estrellas y la manera en que buscamos en ellas comprender nuestro destino y personalidad; todo esto era posible, al menos ahí, porque se luchó por el derecho a un cielo oscuro.

Desde septiembre de 2023, este sitio, ubicado en una delegación con altos índices de violencia y marginación en la capital del estado, ha sido reconocido por la DarkSky Association como un lugar donde es posible observar el firmamento sin el destello de la electricidad que inunda las ciudades al anochecer. Para que esto se lograra, fue necesario un trabajo de cabildeo y esfuerzo por parte de activistas, astrónomos profesionales y amateurs, así como de algunos funcionarios de gobierno.

El derecho a la noche ha sido resguardado por personas como Juan Carlos Hernández, integrante de la Sociedad Astronómica Queretana (SAQ) y fundador de Astronite, una empresa de turismo astronómico creada junto con Adriana Martínez, Ricardo Soriano y Francisco Medina. Observar el cielo se está volviendo un lujo: una cuestión básica que diferencia el día de la noche, el descanso y los ciclos que marcan tanto a animales como a humanos, y que ha tenido que ser defendida frente a los riesgos que implica la vida actual.

Mirar al cielo y encontrar luz en lugar de oscuridad es algo antinatural que afecta cada vez más a nuestros propios cuerpos y a los de otros seres vivos con los que convivimos. Sin embargo, en un contexto de violencia e inseguridad como el que se vive en prácticamente todo México, abogar por la oscuridad no es común ni ha sido el propósito central de Juan Carlos y de los activistas que lo acompañan, sino más bien reflexionar sobre el tipo de iluminación que se requiere en las calles por las noches, la cual debe proyectarse hacia abajo y no hacia el firmamento.

La DarkSky Association reconoció a Joya-La Barreta como el primer parque urbano en Latinoamérica que cumple con los estándares de oscuridad necesarios para la observación astronómica con fines de divulgación. Es decir, esta vista hacia el cielo no está reservada a las élites académicas o a la investigación científica, sino a cualquier persona que desee mirar una lluvia de estrellas, las constelaciones, la Luna o los planetas visibles en determinadas épocas del año.

En México se ha promovido el reconocimiento de este tipo de espacios en estados como Baja California e Hidalgo, entidades con mayor proyección turística que ya atraen visitantes. Por ello, Joya-La Barreta representó una sorpresa en el ámbito del astroturismo, una tendencia que consiste en ser turista en el firmamento. Esta práctica también genera derramas económicas relevantes en comunidades donde se organizan eventos de observación abiertos al público, similares a los que actualmente impulsa Astronite. En estas experiencias, los asistentes participan en recorridos de senderismo en los que se comparten conocimientos sobre plantas medicinales, se realizan meditaciones bajo el cielo oscuro, se comparte una cena, se degustan vinos y se observa el firmamento tanto a simple vista como con telescopios.

De acuerdo con Juan Carlos Hernández, la gestión no fue sencilla, ya que fue necesario exponer los factores que hacen indispensable modificar el color, la dirección y la infraestructura de los alumbrados públicos para evitar y reducir, en la medida de lo posible, la contaminación lumínica en el municipio de Querétaro. El astrónomo y activista reconoce la disposición de las autoridades para lograr el reconocimiento internacional; sin embargo, advierte que el camino no ha terminado, pues para mantener el nombramiento el parque debe someterse a una auditoría anual que garantice la prevalencia de las condiciones de oscuridad.

Aunque un nombramiento como el obtenido tiene el potencial de contribuir al desarrollo económico de la comunidad y de la región, Hernández consideró que aún persiste el desconocimiento sobre las posibilidades que genera un reconocimiento de esta magnitud a nivel Latinoamérica.

Cuando se piensa en los objetivos de desarrollo sostenible y en las metas establecidas por los países que integran organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), suelen venir a la mente recursos como el agua o los bosques. La oscuridad del firmamento rara vez aparece como prioridad, pero la reducción de la contaminación lumínica también forma parte de los requisitos para hacer del mundo un lugar más habitable.

Uno de los factores principales que determinan la existencia de la contaminación lumínica es la presencia de lámparas que proyectan luz hacia el cielo y no hacia el suelo. Además, el tipo de luz que emiten también resulta clave: la luz azul interfiere con los ciclos de sueño, impide la producción normal de melatonina en los humanos y altera los entornos en los que habitan otras especies. Si una lámpara proyecta luz sin dirección o hacia arriba, no cumple con su función principal, que es iluminar las calles por las noches para propiciar un ambiente más seguro.

Más allá de la imposibilidad de ver el firmamento en la oscuridad nocturna, la contaminación lumínica es un factor reconocido en la legislación federal mexicana como un problema a combatir, según lo establece la Ley General del Equilibrio Ecológico. Sin embargo, aunque Querétaro cuenta con el primer parque en el ámbito internacional reconocido por la organización de cielos oscuros, no forma parte de las tres entidades que han buscado homologar esta legislación con normativas locales.

Los esfuerzos de Juan Carlos Hernández y sus compañeros de observación han logrado que el tema se discuta en la legislatura local y que incluso se elaborara un borrador de iniciativa, el cual hasta ahora no ha sido discutido ni aprobado, aunque registró avances durante la legislatura anterior. Este proceso se ha repetido en dos ocasiones, pues la propuesta debe ingresar y ser revisada por la Comisión de Medio Ambiente del Congreso local. Los observadores de estrellas y planetas mantienen la esperanza de que los esfuerzos acumulados durante años no se pierdan y que la iniciativa finalmente prospere.

La vida citadina parece lejana en Joya-La Barreta. Desde ahí se distingue un resplandor al que Juan Carlos y sus compañeros de Astronite llaman “domo”: un halo blanco que se observa detrás de los cerros del parque y que proviene del centro y de las zonas densamente pobladas al norte de la capital de este estado mexicano. Dentro del parque no hay alumbrado; las familias que acampan utilizan linternas que, a veces, encandilan y otras sirven de guía para llegar al baño o a las instalaciones acondicionadas.

En Joya-La Barreta también aparecen luces prácticamente extinguidas en la ciudad: las luciérnagas. Antes de la llegada del otoño, estos pequeños insectos emiten su propia luz y danzan en la oscuridad, ajenos a la presencia humana y lejos de las luminarias eléctricas que han limitado su existencia en los entornos urbanos.

Mantener los niveles de oscuridad para conservar el reconocimiento no implica únicamente regular el alumbrado en las inmediaciones del parque, sino también contener la expansión urbana y la iluminación “parásita”, como se le conoce en el ámbito de la observación astronómica. Este tipo de iluminación también representa un riesgo para el nombramiento como parque urbano. Por ello, la labor de los activistas se ha enfocado en vigilar el cumplimiento de las normativas de iluminación responsable, que incluyen requisitos técnicos avalados por instancias internacionales, entre ellos que la luz sea dirigida, moderada, acotada y de tonos cálidos.

Astronite continúa ofreciendo veladas astronómicas en fechas específicas, como durante las lluvias de estrellas o en los avistamientos de cometas y planetas. Su objetivo es consolidarse como una empresa de astroturismo que, además de constituir un ejemplo de desarrollo económico en este ámbito, también promueve la conciencia sobre la conservación de los cielos oscuros.

La lucha por los cielos oscuros sigue vigente, tanto en el esfuerzo por garantizar su protección en la legislación local como en el reto de hacerlo una realidad cotidiana.

Ana Karina Vázquez
akarina.vb@gmail.com
Periodista de la generación del fin del mundo. Hija de la crisis y de la incertidumbre. Tengo muchas pasiones.

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