¿Qué harás cuando Dios muera? es la ópera prima del director mexicano Hugo Villaseñor, en la que explora (hasta sus últimas consecuencias) las narrativas que configuran el sentir de una generación de adultos jóvenes cuyas condiciones económicas, políticas y sociales los orillan a renunciar a la búsqueda de sus propias convicciones y a concentrarse, en cambio, en una supervivencia marcada por el hedonismo.

La historia gira en torno a Ximena y el Güero, una pareja que lleva tiempo viviendo junta y que, por un hastío espiritual y emocional, decide grabar una película porno. Buscan obtener un ingreso adicional y, según creen, experiencias nuevas que oxigenen su relación y los alejen de la monotonía de una vida que perciben sin sentido ni propósito.

El planteamiento de Villaseñor se desarrolla mediante una serie de experimentaciones visuales que dialogan con el tono nihilista y cínico de la cinta. Hay rotoscopia, voz en off, dibujos animados y fotografías yuxtapuestas. La suma de estos recursos no funciona como ocurrencia improvisada, sino como un dispositivo narrativo que interpela al espectador y refuerza la sensación de ligereza con la que los personajes enfrentan sus frustraciones y pérdidas.

La cinta retrata a sus protagonistas en una codependencia emocional, sexual y financiera sin caer en estereotipos. Sus dinámicas sirven como referencia para hablar de los dilemas, miedos e insatisfacciones de una generación destinada al estancamiento o a la falta de oportunidades, no sólo laborales, sino también de movilidad social. La relación entre Ximena y el Güero oscila en la película: del enamoramiento que los impulsa a experimentar nuevas etapas al desencanto de aceptar que su vínculo es insostenible, pese a la insistencia de ambos por permanecer inmutables.

Al igual que la idea abstracta de Dios, en la película también se diluyen las nociones de afecto y amor, y en su lugar aparece una crítica al desencanto juvenil y al derrumbe de las narrativas del progreso, imposibles en un contexto donde la crisis parece ser la única certeza.

La obra de Villaseñor puede rozar lo banal o lo grotesco por momentos, pero las piezas que acomoda permiten leer un mensaje de fondo: como en un relato sucio, lo peor de nosotros emerge cuando las circunstancias y el desamor nos golpean de frente.

Iván Landázuri
psicoeducivanrl@gmail.com
(Oaxaca, 1990). Ha colaborado para diferentes revistas como la Revista de la Universidad de México (UNAM), Apócrifa Art Magazine, Yaconic, Registromx, Penumbria, Letrina, Monolito, Clarimonda, Errr Magazine, Hysteria, entre otras.

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