Fotografía: Yahvéh Flores


En las últimas semanas, la cancelación de eventos musicales vinculados a la escena urbana en Querétaro abrió un debate que va más allá de la música. El cierre de presentaciones de rap conforma parte la implementación del Plan Orden impulsado por el gobierno municipal encabezado por Felipe Fernando Macías. Para artistas y organizadores, las suspensiones exhibieron una tensión persistente entre regulación institucional, libertad de expresión y prácticas internas dentro de la propia escena.

Ammed, rapero y productor con el sello Casa Blanca, señaló que el impacto de los cierres fue inmediato. En un periodo de aproximadamente 15 días, comenzaron a circular videos y posicionamientos de distintos actores de la escena local, lo que derivó en un proceso de articulación interna. En ese sentido, explicó que en el momento en que ocurrieron las cancelaciones se amplificó el tema, coincidiendo con una acumulación de inconformidades previas. “Todo esto que surge con estos cierres nos afecta bastante; se están yendo muy duros, no solo con el hip hop, sino en general, con censura y represión”, afirmó.

Ammed subrayó que la mayoría de los eventos de la escena hip hop queretana no son organizados con apoyo gubernamental, sino mediante esquemas de autogestión. Desde su perspectiva, la exigencia no es que el municipio facilite espacios, sino que permita la continuidad de actividades en las que los propios artistas invierten recursos, además de cuestionar la ausencia de diálogo institucional previo a las cancelaciones, afirmando que, en lugar de una revisión conjunta, la respuesta suele ser la suspensión inmediata. “No hay diálogo: llegan, revisan, no cumples y el evento queda cancelado”, añadió.

Otro de los puntos señalados fue el cumplimiento de requisitos de seguridad. El rapero explicó que, aunque algunas de las medidas solicitadas por la autoridad no resultan irracionales (como seguridad privada, ambulancias o protocolos específicos), suelen estar fuera de las posibilidades económicas de eventos pequeños, organizados en estudios, patios o espacios públicos con aforos reducidos. Añadió que existe una percepción institucional de que los eventos de hip hop generan ingresos elevados, lo que, dijo, no corresponde con la realidad de la mayoría de las presentaciones locales.

Dais Calavera, rapero y grafitero, coincidió en que las cancelaciones no pueden explicarse únicamente desde el discurso de la censura por contenido. Señaló que, en Querétaro, se han presentado artistas de alcance nacional con letras explícitas sin que sus eventos fueran suspendidos. Al respecto, consideró que los argumentos relacionados con la apología del delito o el lenguaje no han sido aplicados de manera consistente.

El artista recordó que, históricamente, los eventos de rap se han realizado en espacios improvisados como baldíos, salones de fiestas, bodegas u obras en proceso, muchas veces con venta de alcohol y sin mayores incidentes. Desde su experiencia, las recientes cancelaciones responden a un cambio en el contexto político y administrativo. “Se ven un tanto ridículos queriendo censurar algo que saben que existe desde hace años, no solo aquí en Querétaro”, expresó.

Dais Calavera también abordó el tema de la organización interna. Reconoció que existen prácticas problemáticas, como el deterioro de espacios o el comportamiento de asistentes, pero sostuvo que en muchos eventos los propios artistas y organizadores intervienen para mantener el orden. Relató que, en presentaciones donde ha participado, se retira a personas en estado inconveniente y se actúa de manera colectiva para prevenir situaciones de riesgo.

Ambos artistas coincidieron en que el circuito underground no es incompatible con el cumplimiento de normas básicas. Explicaron que, a diferencia de conciertos masivos con artistas consolidados, los eventos locales suelen tener aforos de entre 100 y 200 personas y se organizan con presupuestos limitados. Aun así, implican gastos en sonido, renta de espacios y apoyos mínimos a los participantes, costos que no siempre son visibles para el público ni para las autoridades. “Un evento underground no es un negocio grande; muchas veces apenas sale para pagar sonido y apoyar a los artistas”, añadió Dais.

Los casos recientes de cancelaciones (incluidos la suspensión de presentaciones de artistas como Millonario y Eptos One) se convirtieron en referentes dentro del debate. Para los raperos consultados, estos episodios evidencian la necesidad de establecer canales de comunicación más claros entre autoridades y comunidad artística, así como de revisar las dinámicas internas que, desde su perspectiva, también inciden en la permanencia de los eventos.

Más allá de las posturas encontradas, el conflicto puso sobre la mesa una discusión más amplia sobre la regulación del espacio público, la producción cultural independiente y los límites entre orden administrativo y expresión artística. En ese cruce, la escena urbana de Querétaro enfrenta el reto de reorganizarse, mientras define cómo relacionarse con un entorno institucional que, por ahora, privilegia el cumplimiento normativo por encima del diálogo.

David Álvarez
davidalv1990@gmail.com
Sociólogo, periodista y gestor cultural. Dirige Proyecto Saltapatrás. Estudia la maestría en Derechos Humanos y Políticas Públicas.

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