
Leto (Verano) es la novena película del director ruso Kirill Serebrennikov. Se trata, probablemente, de la apuesta filmográfica más novedosa que aún prevalece en los circuitos de exhibición alternativos en México, como si hubiese sido concebida específicamente para estos espacios. La cinta se presentó en la 66ª Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, concursó en la selección oficial de largometrajes del Festival de Cannes en 2018 y fue galardonada ese mismo año en los Premios del Cine Europeo como Mejor Diseño de Producción. A su leyenda se suma el hecho de que la parte final del rodaje fue dirigida por el realizador desde su hogar, tras permanecer bajo arresto domiciliario por parte del gobierno de Vladimir Putin.
La trama se sitúa en el Leningrado de los años ochenta, con el movimiento subterráneo del rock and roll como telón de fondo. El espectador se adentra en una atmósfera clandestina y contracultural a través de protagonistas inspirados en figuras reales del underground soviético y del triángulo amoroso que se forma entre Viktor Tsoï y Mike Naumenko, al que se suma Natasha, la enérgica esposa de Mike. La historia se detona a partir del encuentro entre ambos músicos, ubicados en extremos opuestos de sus trayectorias: Viktor como una promesa emergente que comienza a integrarse al movimiento, y Mike como una figura ya consagrada cuya carrera empieza a eclipsarse.
Esto no ocurrió
Filmada en blanco y negro, esta cinta sui generis retrata una época, un movimiento y un discurso que impregnaban la contracultura frente a un entorno políticamente rígido como el de la Unión Soviética. Sin embargo, la película posee un ritmo propio que, por momentos, estalla como una descarga eléctrica a través de una agudeza visual que recurre a una suerte de ensamblaje de videoclips. Este recurso permite dar rienda suelta a la divagación y a la fantasía mental de los personajes, ya sea en una playa, un autobús, una fábrica, un tranvía o un cuarto derruido, escenas que posteriormente son interrumpidas por la leyenda: “Esto no ocurrió”. Este juego narrativo envuelve al espectador durante más de dos horas en una experiencia que se diluye y se disfruta como un buen disco de rock and roll.
Otro de los cimientos de la cinta se encuentra en su fascinante soundtrack, que rinde homenaje, a manera de mural sonoro, a David Bowie, Iggy Pop, Lou Reed, Sex Pistols, Led Zeppelin y otras bandas que marcaron a una generación en Europa y América, y cuya influencia lograba filtrarse a través del Telón de Acero de la URSS. Serebrennikov construye así una simbiosis estética y narrativa coherente con las licencias que se permite desde la ficción. De este modo, LETO ofrece el retrato de una generación que respondió a su tiempo con desencanto y rebeldía: una película que emana la misma angustia, vitalidad y fascinación que atraviesan a sus personajes al enfrentarse a una crisis existencial y artística.
