Fui cristiana evangélica[1] desde los trece hasta más o menos los veintiocho o veintinueve años. Sé lo que es la religión, sé cómo se maneja una secta. Reconozco el fanatismo cuando lo veo. Sé de la necesidad de pertenencia que tiene el ser humano, esa necesidad de algo o alguien que otorgue sentido a nuestro transitar en la tierra y que de una forma u otra nos prometa un mundo mejor y más justo —sea cual sea el concepto que cada quién tiene de esas dos cosas—. Cuando entré al cristianismo, lo primero que escuché, y que seguí escuchando siempre, fue que tenía que ser salvada de algo, que ser cristiana —«aceptar a Cristo en el corazón»— me iba a limpiar de mi maldad innata, de mis pecados y que podría ser una mejor persona. Vi a mucha gente rendir sus testimonios de una vida antes y después del cristianismo; los más impresionantes y potentes siempre fueron los testimonios de los «ex»: exalcohólicos, exviolentadores, exadictos, exmalos padres, etc. Tal parecía que una vez pasados por esa sangre sacrificial de Jesús, todo lo pasado desaparecía. Y así lo dice la biblia[2]: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» —2ª epístola a los Corintios capítulo 5, versículo 17—. Ese es el pasaje que por excelencia usan quienes quieren olvidar —y que olvidemos— el daño que hicieron a otrxs. Es un versículo expiatorio, es cancelar y borrar una sentencia. Y si vuelves a caer, si vuelves a pecar, no importa, tu lugar en el cielo está asegurado[3], aunque cualquier buen pastor te exhortará a que no cometas los mismos errores.

El problema son esxs otrxs a quienes lastimaste o sigues lastimando porque el pecado aún vive en tu carne y solo la muerte hará la limpieza final. Para lxs otrxs lo que queda, lo que se exige, es entender y perdonar. Entender que el daño no fue o no es intencional, sino el resultado de una naturaleza rota. Perdonar porque Cristo también a ti te ha perdonado. No juzgar. No importa que a raíz de ese daño tú ya no seas la misma, tu vida no funcione igual y el dolor no desaparezca. Tu deber es perdonar, si no, ¿qué clase de cristianx serías?

¿Qué clase de feminista serías si no entiendes que todas pasamos por una deconstrucción, que si fuimos violentas con otrxs es porque éramos ignorantes, porque no conocíamos la teoría y la sororidad? Ahora que somos feministas, tenemos una nueva oportunidad, nuestras faltas han sido borradas porque no nos había llegado la ayuda adecuada, la verdadera, «la mera mera», la feminista. Y si volvemos a violentar, acerquémonos a nuestras pastoras, a nuestras «diosas», que ellas nos impondrán las manos y, libros de Segato, Lagarde y mujeres zapatistas en mano, nos indicarán el camino a seguir. Ellas nos darán esa ayuda que sí funciona, porque toda la ayuda que se nos ofreció en el pasado no era la correcta y toda la ayuda que viene desde fuera carece de deconstrucción. «Venid luego y estemos a cuentas»[4], pero solo entre nosotras, en nuestra casa, porque aquí se lavan los pañuelos morados y nadie fuera del círculo sabrá mejor que nosotras cómo tratar nuestras violencias internas.

«Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto eso, a nosotros, es poder de Dios» —1 epístola a los Corintios capítulo 1, versículo 18)—. Eso nos decían, que la gente de afuera, los no salvos, los no cristianos, los «gentiles[5]», no iban a entender cómo se manejaban las cosas adentro; les parecería una locura. Por eso, confía en tu pastor y en tus consejeros —el genérico masculino va con toda la intención—, ellos tienen la sabiduría y la autoridad, otorgadas por Dios, para lidiar con maridos golpeadores, con tíos violadores, con padres alcohólicos, con hijas o hijos gay —porque, claro, son igual de pecadores—. Nadie afuera lo va a entender; son nuestros enemigos, almas perdidas que, como nosotros, necesitan salvación, conocer «La Palabra», la teoría y práctica de Jesucristo redentor.    

Si no eres feminista aún —¿qué esperas? —, si llevas solo un poco en el feminismo o si llevas años, pero no estás al día con lo último de la teoría «anarko-lésbicopolítica-antiespecista-ecofeminista-zapatista-antiqueer-proqueer-loquemásteacomode», pues es que esto que estamos haciendo, cómo lo estamos manejando, te va a parecer una locura. No te preocupes, no es tu culpa, solo eres ignorante y no entiendes que tu carnet depende de que no comas carne, de que no te juntes con lxs trans, de que seas lesbiana, de que seas bruja, de que entiendas que toda la ciencia es patriarcal y por eso hay que curarnos las heridas con este tecito. O todo lo contrario. El chiste, ante todo, es que nadie se meta. Lo que importa es que no somos como esos machos violentos de allá afuera. Porque nosotras no matamos. Solo celamos, mentimos, rompemos acuerdos, manipulamos, usamos la Biblia… perdón, la teoría, como mejor nos conviene: «lo personal es político», «una no nace mujer», «la heteronorma», «la mononorma», «la cuerpa», y se nos olvida que solo somos changxs que evolucionaron, que se pararon en dos patas, les creció el cerebro y les dio por filosofar, pero a lxs que aún les maman las jerarquías, las lealtades, tragar, coger y pelear.

No somos santas.

¿Cuándo vamos a entender que el feminismo no redime violencias? ¿Cuándo vamos a entender que se necesita rendición de cuentas? ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que nombrarte feminista, juntarte con feministas y hasta ser activista no es un cheque en blanco para violentar a otras morras? Y en esta familia que es «Feministlán», ¿cuándo dejaremos de encubrirnos entre nosotras? Y en este grupo aún más cerrado de nosotras las feministas lesbianas, ¿cuándo vamos a dejar de solapar mujeres violentas que acosan, manipulan, hieren y abusan? ¿Cuándo carajos dejaremos de sentirnos omnipotentes y entenderemos que no podemos —no solas, no sin las herramientas adecuadas— arreglar a mujeres que llevan años siendo violentas? ¿Cuándo nos va a caer el veinte de que ser feministas no nos hace inmunes a engaños y manipulaciones? ¿Cuándo nos haremos cargo de nuestra salud mental sin excusarnos en qué otras no lo hacen? ¿Cuándo entenderemos que no nos toca hacernos cargo de la salud mental de absolutamente nadie, máxime cuando no quieren esa ayuda?

He aquí el disclaimer: el feminismo y el cristianismo —o cualquier religión, judeocristiana o no, monoteísta o no— tienen más similitudes de lo que nos gustaría admitir, pero me queda muy claro que eso tiene mucho más que ver con nuestra condición de humanas que con una falla inherente al feminismo. Me queda claro que lo que aquí describo como prácticas dentro del cristianismo y prácticas dentro del feminismo corresponden solo a una fracción de la realidad, pero realidad a fin de cuentas. Y si se lo preguntaron mientras leían, no, nada tengo contra el veganismo, la filosofía zapatista ni el anarcofeminismo. Por el contrario, sí tengo mucho en contra del lesbianismo político[6], la transexclusión y el fanatismo con el que se nos pretende arrastrar a prácticas que no nos gustan o para las que no estamos listas.

Sé que a muchas no les agrada que se ventilen estos asuntos de familia, pues de por sí ya nos atacan. Pero, adivinen qué, pretextos sobran para atacarnos porque nos salimos de toda norma, y eso no es excusa para mantener nuestros conflictos cociéndose en una olla de presión. Tarde o temprano, la cosa estalla.

Fui cristiana mucho más tiempo del que llevo siendo feminista y por eso mi miedo a que ciertos círculos comiencen a parecerse más a una religión que a un espacio seguro para las mujeres —cis, trans, hetero, bi, lesbianas, pan—. Necesitamos reconocer nuestra humanidad, necesitamos reconocernos vulnerables a las mismas violencias de siempre o simplemente las vamos a dejar de reconocer en nosotras o cerca de nosotras. «El feminismo no es una varita mágica», dijo una amiga en estos días. No podría estar más de acuerdo.


[1] Cristiana bautista, en realidad. Dentro del cristianismo no católico existen muchas ramas: evangélicos, pentecostales, luteranos, metodistas, etc. Pero para no meternos en cosas de doctrina, dejémosle así.

[2] Todos los pasajes bíblicos aquí citados provienen de la versión Reina-Valera 1960.

[3] Esto es verdad según la doctrina bautista. Otras doctrinas cristianas sostienen que la salvación se puede perder, por lo cual, después de un acto pecaminoso, la rendición de cuentas, el arrepentimiento y la oración adquieren una nueva dimensión, pues hay que recuperar esa salvación.

[4] Esta es una referencia al pasaje de Isaías 1:18, que dice «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana».

[5] Palabra usada por los judíos para referirse a cualquiera que no lo fuera. Algo así como «paganos».

[6] Entendido como aquél que pregona que puedes —debes— volverte lesbiana porque esa es la única forma de dejar de servir por completo al patriarcado.


Tay Salander
tiresiassalander@protonmail.com
Señora milenial nacida en los ochenta en un pueblo conservador que no aguanta ni su feminismo ni su lesbianismo. Eterna aspirante a escritora, aficionada a la divulgación científica en temas de salud mental, medio lingüista, (casi) Maestra en Traducción, docente, activista y sobreviviente de la iglesia cristiana.

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