Texto: Jorge Cañizares-Esguerra

Fotografía: Mery Granados Herrera


Un monumento conmemora. No es un documento histórico sobre el pasado que conmemora sino sobre la sociedad que celebra. Es un acto deliberado de gente que admira un héroe-tema y hace de su amor un objeto público. Hay monumentos que conmemoran pero que también buscan recordarles a los espectadores una causa que amedrenta. El caso de los monumentos de los generales de los ejércitos esclavistas del sur de los USA ilustra.

Decenas de estos monumentos se establecen 50-60 años después de la derrota sureña. Su propósito no era recordar a los caídos y a los héroes. Su propósito era amedrentar a poblaciones negras en la época del KKK, linchamientos, y Jim Crow. Recordarles que el derecho a ciudadanía negra, ganado después de la guerra, se había convertido en los 1920s en una fantasía. Los monumentos se construyen para los que perdieron sepan que en realidad ganaron y los que ganaron perdieron.

Hay otros monumentos que no son historia sino propaganda, narrativas simples para turistas despistados. Consideren El Álamo. El monumento, recuperado y construido en los 1930s, introduce hoy a millones rápidamente a los orígenes de TX. Los mexicanos aparecen dirigidos por peleles sanguinarios, que matan y ejecutan a valientes. El Álamo celebra la humillación venidera del caudillo Santana, cuya pierna perdida en batalla la enterrará con honras. El Álamo nos recuerda que México fue y es un pueblo de Chapos y salvajes, los USA de valientes, pioneros y amantes de la libertad.

Pero la historia es otra, sin embargo. El ejército de México fue al Álamo a eliminar la esclavitud negra que la constitución de 1836 elimina en todo el territorio, incluido el este de Tejas. Santa Ana va a Tejas con ejércitos pardos a liberar los esclavos en las plantaciones de algodón al este del río Sabine.

El Álamo es un monumento que conmemora el triunfo de la supremacía blanca. Es una celebración multicolor de una gran mentira. ¿Debemos derrumbar plazas que celebran y ocultan el triunfo de las plantaciones esclavas?

Los monumentos a Colon celebran ¿La modernidad? ¿La ciencia, la navegación y la aventura? ¿La creación de un continente y una nueva “raza”? Puede que así sea, pero también conmemoran las instituciones que la modernidad creó en el Caribe, entre otras: masiva esclavitud indígena y la desaparición étnica de pueblos enteros, pandemias, desproporcionada violencia, reingeniería ecológica, el tráfico transAtlántico de esclavos negros, la brutalidad de las plantaciones azucareras.

Los niños y turistas al salir a plazas y obeliscos a ver estas estatuas los domingos no aprenden historia. Aprenden narrativas hechas de silencios. Aprenden de héroes y mentiras. Aprenden que la modernidad siempre salva vidas. Aprenden que el pasado es épica de héroes que derrotan. Aprenden, lo peor, que lo que ven es historia del pasado, no del que celebra.

Si lo que digo no es cierto, ¿por qué no hay obeliscos a Hitler en cada esquina? ¿Por qué nadie chistó con la destrucción del muro de Berlín? ¿Por qué la destrucción de estatuas de Lenin en la Europa del este y de Saddam en Irak fueron actos de valientes y no pira inquisitorial de documentos?

Cuando la celebración de unos humilla al resto hay que desmontarlos. Esos monumentos no pertenecen en calles y avenidas. Las estatuas que sobrevivan la rabia de los hijos de difuntos que se vayan a museos.


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