
Fotografía: Yahvéh Flores
En las calles de Querétaro, el trayecto cotidiano de muchas mujeres se ha convertido en una experiencia marcada por el temor y la vigilancia constante.
Los traslados en transporte público, caminar por una avenida o incluso permanecer en espacios como plazas o paradas de autobús implican una exposición permanente a situaciones de violencia sexual.
Así lo reflejan los resultados de una encuesta aplicada en la capital del estado por diversas organizaciones ciclistas y de movilidad, con el objetivo de conocer las experiencias de movilidad de las mujeres y de qué manera el acoso sexual y otras formas de violencia afectan sus recorridos diarios.
El 70% de las encuestadas dijo sentirse insegura al utilizar el transporte público. Más de la mitad, el 54.3%, expresó miedo de ser agredida sexualmente mientras viaja en estos medios.
Para muchas, el riesgo no es hipotético, sino parte de su experiencia directa: el 32.5% señaló haber sido víctima de alguna forma de violencia o acoso sexual. Este porcentaje se distribuye entre un 25.7% que ha sido agredida en el espacio público en general y un 16.8% que identificó al transporte público como el lugar donde ocurrió la agresión.
La mayoría de estos incidentes se producen cuando las mujeres están solas. El 60% reportó que las agresiones ocurrieron en esos momentos, mientras que el 32.9% indicó que le sucedieron tanto cuando estaba sola como acompañada. La presencia de otra persona no garantiza seguridad.
Entre los tipos de violencia más frecuentes están las miradas persistentes con carga sexual. El 94.7% de las encuestadas mencionó haberlas sufrido. También los comentarios obscenos forman parte del entorno: el 87.6% dijo haberlos escuchado alguna vez en el espacio público. Tocamientos o manoseos fueron reportados por el 66.8%, y 39.8% refirió que sus agresores se masturbaron frente a ellas. Además, un 35% ha sido víctima de exhibicionismo sexual.
Los lugares donde estas agresiones se presentan con mayor frecuencia son la calle, con 92.5%, seguida del autobús, con 73.5%, y en tercer lugar las plazas públicas, con un 33.6%. Los agresores, en su mayoría, son hombres desconocidos, señalados por el 99.1% de las participantes.
Sin embargo, también hay casos en los que los atacantes son operadores del transporte público, mencionados por el 23.6%, o incluso hombres conocidos, con un 9.8%. Un 8.9% señaló haber sido agredida por elementos de seguridad pública.
Estos datos componen una imagen clara de los obstáculos que enfrentan muchas mujeres en sus desplazamientos diarios. El miedo no es una percepción aislada ni una emoción exagerada, sino una reacción fundamentada en experiencias concretas. Las cifras retratan una situación sistemática y repetida.
La encuesta evidencia la necesidad de políticas que reconozcan estas formas de violencia como un problema estructural vinculado a la manera en que está organizada la movilidad en la ciudad. También plantea interrogantes sobre las responsabilidades institucionales y la respuesta de las autoridades ante este fenómeno.
